«Las empresas que deberían estar en Gijón se están yendo a León»

Por Azahara Villacorta, en El Comercio

por Comunicación Foro

«A la Universidad la tenemos aparcada y es imprescindible para tirar de la economía regional, igual que la FP»

Presume con orgullo de orígenes vaqueiros, reclama que «el debate sobre la oficialidad, demasiado ideologizado, se sosiegue, para poder reflexionar y opinar con calma» y, sobre todo, defiende con vehemencia el patrimonio cultural asturiano. Así que, en 2009, Joaquín Lorences (Bodenaya, Salas, 1952), catedrático emérito de Fundamentos del Análisis Económico de la Universidad de Oviedo, impulsó la Fundación Valdés-Salas, una entidad financiada por empresarios de la región («la familia Cosmen, Francisco Rodríguez, Plácido Arango, Manolo Menéndez…») que también preside y que llega donde muchas veces no alcanza la Administración. «Contamos con un presupuesto ordinario de 31.000 euros y después, hasta 151.000, tenemos que buscarlos».

-Acaban de aprobar el plan de trabajo de la Fundación para 2022, ¿por dónde irán sus líneas de actuación?

-El tuétano de nuestra actividad cultural es que llevamos la gestión de tres museos prerrománicos de Asturias: el de Santianes de Pravia, el de San Martín de Salas y el Museo de Arte Sacro de Tineo, que no lo conocía nadie y, cuando lo inauguramos, nuestra primera visitante fue una peregrina de California.

-También se dedican a la arqueología…

-Sí. Tenemos dos excavaciones arqueológicas: una en Alava, en Salas, que es un castro fantástico en el que llevamos tres años con el ‘Proyecto Beriso’. Es muy importante porque demuestra que, ya antes de los romanos, teníamos la tecnología suficiente para meternos en labores metalúrgicas. Y, después, tenemos la necrópolis tubular de La Cobertoria. Llevamos cinco años trabajando allí y estamos ya en su musealización. Vamos a poner un código QR y que, al llegar, con tu móvil, veas toda la evolución de la excavación. Se trata de llevar las técnicas más modernas a la zona rural.

-¿Suplen las carencias de la Consejería de Cultura?

-Con la Administración, estamos muy satisfechos. Con la Dirección General de Patrimonio y también con la dirección de patrimonio de la Iglesia, porque la mayor parte del patrimonio regional, sobre todo el Prerrománico, es de la Iglesia. Pero aprovecharía para pedir más recursos porque están colapsados y en cuadro. Solo un ejemplo: llevamos meses esperando por los permisos para restaurar el Cristo de Obona, que está muy deteriorado, y el Mausoleo de Pompeo Leoni, en Salas. Tienen muchísimos más expedientes de los que pueden digerir.

-¿Estamos poco acostumbrados a este modelo de colaboración público-privada?

-Una de las cosas que tiene Asturias es un patrimonio increíble y la sociedad civil no puede esperar a que el Estado encuentre dinero para todo. Asturias entera es un museo. Por donde quiera que vas, das con la azada, te metes en una cueva, mueves una piedra y te encuentras un bifaz. Entonces, yo siempre he pensado que tiene que ser la sociedad civil, el dinero privado, quien gestione el patrimonio, como pasa en los principales países del mundo. Fundaciones privadas, no lucrativas, con la vigilancia de la Administración. Eso es lo que pasa en el norte de Europa. En los países del sur, no: se espera que papá Estado se ocupe del castro, del castillo, del dolmen…

-¿Fundaciones como la Selgas-Fagalde?

-Ahí hay un intríngulis legal que no alcanzo a comprender.

-También es crítico con nuestro modelo de promoción y asegura que el lema ‘Asturias, paraíso natural’ está prácticamente agotado. ¿Qué falla?

-Pienso que debemos ampliarlo, enriquecerlo, porque el paraíso natural es real, pero tiene muchos competidores. Yo creo que es el momento de renovar ese eslogan teniendo en cuenta la riqueza cultural que posee Asturias y que, desde el punto de vista de la economía regional, tiene una fuerza tremenda de cara al futuro. Lo cultural hoy, en el mundo entero, es un reclamo tan importante ya como lo natural. Además, en Asturias, tenemos la suerte de ser un paraíso cultural de primer orden.

-¿Qué nos diferencia de otros territorios?

-Que a Asturias es posible venir con tu familia desde cualquier lugar a pasar cinco días y hacer una excursión por los testimonios más significativos de la vida en la Tierra. Desde las grandes extinciones, incluida la de los dinosaurios, que ha dejado testimonios maravillosos en la costa, pasando por el Paleolítico, el Neolítico, por toda la cultura castreña, la Edad Antigua, la Edad Media, con el Prerrománico… Otras regiones no tienen todos esos recursos.

-¿Alguna idea?

-Una región que ha dado con un quid que es envidiable es Galicia: ‘Galicia Calidade’. Te deja asombrado, porque, inmediatamente, te pones de su lado. En dos palabras. Han sabido dar con un quid que, a la hora de pensar en economía -y yo no puedo dejar de pensar en la economía, que es el soporte de toda la actividad humana-, es indiscutible. Las empresas asturianas demandan una marca, un eslogan que despierte la complicidad del cliente en las grandes ferias internacionales. Hay muchas empresas importantes, sobre todo las de alimentación, que, cuando salen a los mercados exteriores, al extranjero, echan en falta un referente común, un paraguas colectivo que les proporcione una marca global de los productos de la región, que destaque su calidad.

-También los vecinos gallegos han sabido explotar como nadie el Camino de Santiago…

-Uno de nuestros objetivos es, precisamente, recuperar y mantener el espíritu original del Camino Primitivo, que era un recorrido espiritual y cultural. Por eso estamos pidiendo autorizaciones para que nos dejen intervenir en el Mausoleo de Pompeo Leoni, en el Cristo de Obona… y queremos ir mucho más allá. Porque el Camino Santiago, o conserva su carácter espiritual y cultural o, con el tiempo, se convertirá en una romería. Y, hoy por hoy, el 70% de los peregrinos son de alto nivel cultural y económico. Solo hay que ver la cantidad de albergues privados que están surgiendo. Albergues que han permitido que una familia que se iba a marchar se quede. ¿El Camino Primitivo es la gran inversión para Asturias? No, pero, desde luego, contribuye de una manera muy clara a la economía.

La ZALIA, una pieza clave

-Siguiendo con la economía, usted integró el comité de especialistas para la desescalada en la pandemia. ¿Cómo ve la senda de la recuperación?

-Si medimos el impacto de la pandemia en términos de empleo perdido, Asturias es de las comunidades que menos ha sufrido y de las que más rápido se están recuperando. Ahora bien: estamos recuperando el nivel de empleo de 2019, de antes de la pandemia, pero tenemos que recuperar el nivel de 2008.

-Lo tiene cuantificado.

-Así es. Para asegurarnos un futuro digno, tenemos que llegar a los 500.000 empleos, y estamos muy lejos. Debemos aprovechar los fondos europeos para eso.

-¿Tiene confianza en lo que salga de ellos?

-Tengo mucha confianza en que el Gobierno regional encuentre proyectos importantes que ayuden a dinamizar la industria asturiana, pero me temo que, en buena medida, muchos de esos proyectos irán, sobre todo, a sostener lo que hay, que ya es importante, pero ¿y lo nuevo, los empresarios de mañana? En esos es en los que hay que fijarse. Tenemos el deber de perfilar a ese empresario futuro y de saber qué es lo que va a necesitar. Ese es el deber de la Administración. Me preocupa mucho que los fondos no apuesten por el empresario que todavía no ha nacido, para que nazca. No basta con las medidas que se han tomado hasta ahora, porque todas ellas han dado un resultado neutral. No podemos presumir de que, al amparo de las leyes de promoción de nuevos emprendedores, hayan salido muchas empresas nuevas que hayan marcado una tendencia en Asturias. Han salido, pero no han tenido una repercusión significativa. Lo contrario es que bajemos del millón de habitantes y que no paremos de caer.

-Dígame dos inversiones prioritarias para Asturias.

-Hoy, el requisito para estar en el mundo es estar interconectados, que se pueda saltar de la carretera al ferrocarril, al barco y al avión con facilidad. Porque las empresas que tenemos que atraer para llegar a los 500.000 empleos son empresas que piensan y están creadas para competir en el mundo y, por lo tanto, tienen que estar interconectadas con los grandes mercados mundiales. Pero esas empresas tienen que tener esa intermodalidad, esa interconexión. En España solo hay cinco áreas de este tipo. Son Valencia, Sagunto, Barcelona, Algeciras y Asturias, que tiene una zona embrionaria, que está ahí muerta de risa: la ZALIA. La única inversión que realmente podría significar un revulsivo para toda la economía regional, que aportaría algo nuevo, distinto, no más de lo mismo, sería la ZALIA, potenciada adecuadamente, conectado el puerto de Avilés, El Musel, las dos autopistas que pasan al lado, el tren de alta velocidad que estamos a punto de tener y el aeropuerto. Es así de claro y así de simple. En León, en Villadangos del Páramo, se construyó un polígono industrial que está cerca del aeropuerto, de la autopista y de dos bocas de puerto, hacia La Coruña o hacia Gijón. Pues bien: más de cien empresas se han instalado allí. Las empresas que tenían que estar creándose en la ZALIA están creándose en León. O espabilamos o nos quedamos sin nada. Sería para Asturias un agravio enorme que no fuésemos capaces de lanzar esa inversión que fue hecha por unos iluminados para su tiempo y creo que sería el gran revulsivo para que aquí se instalasen empresas nacidas globales y conectadas con otras.

-¿Y la segunda?

-La segunda sería conseguir una mayor implicación de la Universidad en el tejido productivo. La Universidad funciona bajo demanda. Se le ha atribuido un objetivo, que es formar, pero no se le ha atribuido el objetivo de colaborar en el desarrollo regional, y eso es lo que falta en Asturias. Los grandes países desarrollados se caracterizan porque tienen las universidades pegadas a las empresas. Es de cajón. La Universidad es clave para esas empresas nacidas globales que son altas consumidoras de conocimientos y de tecnología. Esas empresas elevarían el nivel tecnológico de Asturias de una forma rápida y muy fuerte, muy intensa, y ahí la Universidad es imprescindible. Pero la tenemos aparcada, con un presupuesto empobrecedor, que no prevé su función productiva. Y luego está la FP, que es la joya de la corona de la industria alemana. LA FP es irrenunciable en esta nueva etapa, porque esas empresas globales funcionan con programas de formación continua. Necesitamos un sistema educativo pegado al culo de las empresas para que estén actualizando de forma continua los conocimientos de sus ingenieros, de sus economistas, de sus técnicos… Y, si no entendemos esto, seguiremos marginando a la Universidad, creyendo que, dándole para que gaste en tiza y profesores, es suficiente. Nos olvidamos de que hay que incrustarla en el sistema productivo y de que la FP es crítica y debería estar federada con ella. Es la gran asignatura pendiente de Asturias y de España entera.

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