Un consejero de infraestructuras

Por Adrián Pumares, secretario general y portavoz parlamentario de FORO Asturias, en El Comercio

por Comunicación Foro

«Asturias necesita a alguien que se responsabilice de la red ferroviaria o la supresión del peaje del Huerna con rigor y valentía para enfrentarse al Gobierno de España»

Han pasado más de dos siglos desde que Jovellanos reflexionó sobre el papel decisivo que tienen las infraestructuras en el desarrollo económico y en el bienestar de la sociedad. La mejora de caminos, puentes y comunicaciones, como tan bien nos planteó el prócer gijonés, no es una cuestión secundaria, sino una de las principales obligaciones de los poderes públicos para lograr que un territorio avance.

Dudo que Alejandro Calvo, Consejero de Fomento, Cooperación Local y Prevención de Incendios, haya dedicado mucho tiempo a leer a Jovellanos. Si lo hubiese hecho, sabría que remover los obstáculos físicos es imprescindible para impulsar el crecimiento económico, y que ningún gobierno responsable puede permanecer de brazos cruzados esperando que los problemas se resuelvan solos. La eliminación de barreras que frenan el desarrollo y la cohesión territorial forma parte de la esencia misma de su cargo, y sin embargo lo único que vemos por su parte es una preocupante pasividad.

Hay dos ejemplos recientes que ilustran a la perfección esa actitud de inacción, que en el caso de Alejandro Calvo no es algo puntual sino su comportamiento habitual.

El pasado 10 de noviembre, advertí a través de este mismo periódico que los datos facilitados por el Ministerio de Transportes a la Comisión Europea y al Coordinador Europeo del Corredor Atlántico, François Bausch, no se ajustan a la realidad. Esos datos erróneos, enviados por el Gobierno de España, fueron asumidos por la Comisión y utilizados para elaborar un documento oficial en el que se afirma que entre Oviedo y Gijón ya se circula a más de 200 km/h, que lo mismo sucede entre León y La Robla, y que en el tramo Pola de Lena–Oviedo se alcanzarán esas velocidades en 2030. Nada de esto es cierto, y presentar dichos tramos como ya actualizados o con estándares de alta velocidad podría llevar a la conclusión errónea de que la red ferroviaria asturiana ya cumple con los requisitos para la movilidad de viajeros y mercancías.

Si Bruselas cree que esos tramos ya están actualizados y modernizados, no los priorizará en futuras inversiones, lo que afectaría directamente al Corredor Atlántico, a la llegada de la alta velocidad real y a la circulación de mercancías, fundamental para el empleo y la industria en Asturias.

Pero que Madrid enviara a Bruselas información equivocada no es lo peor: el Gobierno de Barbón no revisó nada, no advirtió nada y no corrigió nada, a pesar de que ese documento afecta directamente a la planificación del Corredor Atlántico y a la llegada de la alta velocidad al Principado de Asturias. Solo cuando lo leyó en la prensa, Alejandro Calvo reaccionó de forma improvisada, dejándonos claro que en él no tenemos un aliado en la defensa de los intereses de Asturias.

La inacción del consejero queda aún más patente si recordamos que, el pasado 10 de septiembre, la Junta General del Principado aprobó por unanimidad —a propuesta de FORO Asturias— una Proposición No de Ley para requerir al Gobierno de España a dotar a Asturias de unas infraestructuras ferroviarias modernas, interoperables y plenamente integradas en la red europea, y para garantizar la plena inclusión del tramo Pola de Lena–Oviedo–Gijón en el Corredor Atlántico, de acuerdo con lo aprobado por la Unión Europea. Sin embargo, el llamado “Plan Director” del Corredor Atlántico que está ejecutando el Ministerio, con el apoyo del consejero Calvo, degrada de forma manifiesta ese tramo ferroviario y es contrario a la resolución aprobada por el Parlamento, sin que conozcamos actuación alguna del consejero para corregirlo.

El segundo ejemplo de la inoperancia de Calvo y su equipo es igual de doloroso. El 11 de junio del pasado año, la Junta General del Principado de Asturias aprobó, a propuesta de FORO Asturias, una Proposición No de Ley que, además de reclamar la supresión del peaje del Huerna, exigía al Gobierno de Barbón ser parte activa en el procedimiento, explorando las vías jurídicas disponibles para la anulación de la prórroga del peaje y valorando los costes económicos que tendría dicha supresión.

Se trataba de un mandato claro, votado por unanimidad y que obligaba al Gobierno a actuar con rigor y diligencia. Más de un año después, sin embargo, el Gobierno de Barbón sigue silbando, escondiéndose detrás de las pancartas y engañando a los asturianos con un juego de trileros que consiste en que el PSOE dice una cosa en Asturias y la contraria en Madrid.

Tengo que reconocer que Alejandro Calvo encarna a la perfección las “virtudes” del actual Gobierno: discursos elaborados, titulares llamativos, y anuncios que nunca cristalizan en realidad. Seguramente por eso Adrián Barbón le otorga de cuando en cuando aquellas competencias que no sabe dónde encajar. No importa que tenga mucho que hacer, porque Calvo nunca defrauda: lo hace todo igual de mal.

Pero sería injusto ver en Alejandro Calvo una excepción. Su inacción no es más que el síntoma más visible de un gobierno que ha renunciado a liderar y que se limita a reaccionar tarde y mal cuando otros señalan los problemas.

La política de infraestructuras exige rigor, trabajo y una vigilancia constante. Requiere saber qué se discute en Madrid y en Bruselas, y actuar antes de que los errores se consoliden. Requiere valentía para enfrentarse al Gobierno de España cuando este perjudica a Asturias, y firmeza para exigir lo que nos corresponde. Nada de eso lo encontramos en Alejandro Calvo.

Mientras el Consejero encadena discursos grandilocuentes y fotos en obras que no impulsa ni controla, la realidad avanza sin él: la Comisión Europea planifica a partir de datos falsos enviados por Madrid; el peaje del Huerna sigue castigando nuestra competitividad; y la alta velocidad real no llega porque nadie en el Gobierno autonómico pelea por ella.

Asturias necesita un Consejero que defienda Asturias. Alguien que trabaje, que se adelante, que conozca los expedientes y que se tome en serio la responsabilidad que su cargo conlleva.

Un Consejero que no espere a que la prensa le cuente lo que está pasando.

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