La actitud de Adrián Barbón al frente del Gobierno regional.
Si algo quedó meridianamente claro en el Pleno extraordinario celebrado a petición de FORO Asturias y del Partido Popular para abordar la financiación autonómica, es que el acuerdo alcanzado en la comisión bilateral entre el Gobierno de España y la Generalitat de Cataluña constituye el mayor ataque al principio de solidaridad entre territorios desde que se aprobó la Constitución Española. La ambición desmedida de Pedro Sánchez nos ha colocado en un callejón sin salida: si sale adelante la financiación singular para Cataluña, asistiremos a la quiebra del sistema de financiación autonómica; si no prospera, la tan necesaria reforma de este sistema volverá a quedar relegada al olvido, pospuesta sine die por intereses partidistas.
Ahora bien: nadie se puede hacer el sorprendido. Cuando Adrián Barbón corrió a Barcelona a aplaudir la investidura de Salvador Illa como Presidente de la Generalitat, ya sabía que aquella investidura se pagaba con los servicios públicos de los que disfrutamos todos los asturianos. Algunos así se lo advertimos entonces. Y es que, en eso de aplaudir decisiones contrarias a los intereses de Asturias, Barbón tiene experiencia: lo hizo cuando justificó la amnistía, cuando aplaudió la desaparición del delito de sedición y la rebaja del delito de malversación, o cuando mintió descaradamente diciendo que la quita de la deuda beneficiaba a Asturias.
Y siendo esto ya grave de por sí, lo verdaderamente dramático para el Principado de Asturias es que tenemos que enfrentar el mayor ataque a nuestra autonomía financiera -y por ende a nuestra autonomía política- con un Presidente ausente. Un Presidente que se niega una y otra vez a comparecer en sede parlamentaria, que rehúye el debate con la oposición y que se esconde detrás de sus Consejeros (y Consejeras) cuando vienen mal dadas, como ha demostrado repetidamente.
Para quienes creemos y defendemos el parlamentarismo, resulta incomprensible y decepcionante que el máximo responsable político de nuestra Comunidad Autónoma rechace el debate, hurte a los asturianos su derecho a escuchar lo que tenga que decir su Presidente (aunque sea la nada) y se niegue a liderar la necesaria respuesta ante un desafío histórico. Por mucho que Adrián Barbón se empeñe, los encuentros con influencers, las ruedas de prensa detrás de una pantalla de plasma o la publicación de tuits a los que nadie puede responder no es rendir cuentas. Eso no es ejercer el liderazgo que exige un momento como este.
En estos seis años de mandato hemos podido comprobar que para Adrián Barbón no hay problema lo suficientemente grave como para abandonar la comodidad y comparecer a petición propia: ni la crisis de nuestra industria, ni la situación cada vez más delicada de nuestro campo y nuestra mar, ni los incumplimientos reiterados del Gobierno de España con Asturias, ni los casos de corrupción que afectan al PSOE. Ahora tampoco comparece cuando lo que está en juego es la supervivencia del sistema de financiación autonómica.
Frente a un Presidente ausente, un Consejero de Hacienda sobrado de autocomplacencia y un Gobierno a la deriva, al menos los asturianos saben que cuentan con una parte de la oposición que no está dispuesta a callar. Porque mientras Barbón se refugiaba en la cafetería para no escuchar discursos que le decían verdades incómodas, hubo diputados que antepusimos los intereses de Asturias a cualquier cálculo partidista. Gracias a ese compromiso se evitó el bochorno de que del debate parlamentario no saliese una posición mayoritaria de los partidos asturianos, aunque esa posición estuviese cuidadosamente pulida por el PSOE para no molestar a Pedro Sánchez.
Asturias necesita un Presidente que dé la cara, que levante la voz y que rechace cualquier privilegio territorial que condene a Asturias a ser una Comunidad Autónoma de segunda. Sin embargo, lo que tenemos es un Presidente que calla, que huye del debate y que, como tantas otras veces, antepone los intereses de su partido a los intereses de los asturianos. En definitiva, lo que tenemos es un Presidente ausente que está pensando en qué excusa utilizar para vendernos que la quiebra del sistema de financiación autonómica es buena para Asturias.
El Principado de Asturias se enfrenta al mayor ataque al principio de solidaridad entre territorios desde 1978, y lo hace con un Presidente que se esconde detrás de un Consejero de Hacienda incapaz de concretar cómo nos afectarán los acuerdos que su propio partido ha bendecido.
Pero no hay tiempo para la resignación ni para el lamento. Quienes creemos en Asturias tenemos la obligación de seguir alzando la voz, de no rendirnos, de seguir defendiendo una Asturias que no sea más que nadie, pero que tampoco consienta ser menos. El reto es mayúsculo, porque lo que está en juego es la financiación de nuestra sanidad, de nuestra educación, de nuestras infraestructuras y de nuestras prestaciones sociales. Lo que está en juego es, en definitiva, nuestro futuro. Algo que no parece suficiente para traer de vuelta a un Presidente que hace tiempo que está ausente.
