El Día de Asturias es mucho más que una festividad marcada en el calendario. Es una jornada para celebrar nuestra historia, conmemorar nuestro pasado común y reafirmarnos en nuestro orgullo de ser asturianos, pero también para poner la mirada en el futuro y reivindicar lo que merecemos. Y, un año más, Asturias tiene mucho que reivindicar.
El Principado de Asturias nunca ha orillado su compromiso con el desarrollo de España, siendo durante años su motor industrial, impulsando su desarrollo económico y estando siempre presente en los momentos decisivos de su Historia. Precisamente, el reciente accidente de la mina de Cerredo nos recuerda con toda la dureza el sacrificio de tantos trabajadores que han dado su vida para levantar Asturias y España. Quiero aprovechar estas líneas para trasladar mi más sentido pésame a las familias de los fallecidos, desear una buena recuperación a los heridos y reconocer a los equipos de rescate y de emergencia. No podemos permitir que esta tragedia caiga en el olvido o quede envuelta en un silencio cómplice.
Frente a ese compromiso, el Principado de Asturias ha sufrido más que el resto de las Comunidades Autónomas las consecuencias de un proceso de descarbonización injusto y mal planificado, y ha padecido procesos de reconversión que han acentuado la pérdida de puestos de trabajo y obligado a demasiados jóvenes a emigrar.
Ese esfuerzo y sacrificio no han sido tenidos en cuenta, dando lugar a que España tenga una deuda histórica con Asturias pendiente desde hace mucho. Deuda histórica que, lejos de saldarse, se acentúa con un sistema de financiación injusto, con infraestructuras eternamente postergadas y con quitas de deuda que benefician a las Comunidades Autónomas más incumplidoras frente a las que, como Asturias, hicieron los deberes y no recurrieron a la deuda para pagar ensoñaciones independentistas.
Por todo ello, frente a los intentos de algunos de romper los principios constitucionales de cohesión territorial y de solidaridad entre españoles y entre territorios a través de acuerdos bilaterales, tenemos la obligación de alzar la voz. Reivindicar que la deuda histórica de España con Asturias sea saldada de una vez y nuestra tierra deje de ser tratada como una Comunidad Autónoma de segunda. Reivindicar un nuevo modelo de financiación autonómica, que se construya teniendo en cuenta el coste real de los servicios públicos.
Denunciar esa deuda histórica, reivindicar para Asturias las inversiones pendientes en infraestructuras, reclamar las mismas oportunidades de desarrollo económico que el resto de España o proponer un nuevo modelo de financiación autonómica no tiene que ver con ideología ni con nacionalismo. Estas denuncias, reclamaciones, reivindicaciones o propuestas son, sencillamente, una cuestión de dignidad y de justicia, y tienen muy presente que Asturias tiene mucho que aportar a España y a Europa.
No pretendo limitarme a reivindicar, mirar al pasado con nostalgia ni renunciar a nuestra responsabilidad. El 8 de septiembre debe ser también un momento para pensar la Asturias que queremos construir. Una Asturias que cree empleo, genere riqueza y cuente con unos servicios públicos de calidad. No seremos capaces de generar riqueza y crear empleo pagando más impuestos que el resto de los españoles, ni contaremos con unos servicios públicos de calidad con un Gobierno que premia la incompetencia.
Con la certeza de que Asturias tiene todavía mucho que aportar al futuro de España, reivindicamos igualdad y justicia frente a privilegios y agravios.
