El Día de Asturias es mucho más que una festividad en el calendario. Es una jornada para celebrar nuestra historia, reafirmarnos en el orgullo de ser asturianos y reivindicar lo que merecemos. Porque, un año más, Asturias tiene mucho que reclamar.
Nuestra tierra nunca ha orillado su compromiso con España. Fuimos motor industrial y sostuvimos su desarrollo económico, como nos recuerda con toda la dureza el reciente accidente de la mina de Cerredo. Sirvan estas líneas para trasladar una vez más mi pésame a las familias de los fallecidos, mis deseos de pronta recuperación a los heridos y mi reconocimiento a los servicios de rescate. Honrar su memoria exige verdad, justicia y medidas que garanticen que hechos así no se repitan.
Frente a ese compromiso, Asturias ha sufrido más que nadie una descarbonización injusta y reconversiones que destruyeron empleo y forzaron la emigración de miles de jóvenes. Y todo ese sacrificio no ha sido reconocido. España mantiene con Asturias una deuda histórica que se agrava con un sistema de financiación injusto, con infraestructuras eternamente aplazadas y con quitas que premian a las Comunidades incumplidoras y castigan a quienes, como Asturias, cumplimos con nuestras obligaciones.
Por eso debemos alzar la voz. No pedimos privilegios: exigimos igualdad. Reclamamos un modelo de financiación justo, inversiones en infraestructuras y oportunidades reales para crear riqueza y empleo. Asturias tiene mucho que aportar a España y a Europa, pero merece respeto, justicia e igualdad de oportunidades para construir un mejor futuro, a la altura del esfuerzo y sacrificio de tantas generaciones de asturianos.
