El 26 de marzo del pasado año, la Comisión de Cultura, Política Llingüística y Deporte de la Junta General del Principado de Asturias aprobó una iniciativa presentada por mí para acometer en el refugio de montaña de Brañagallones las inversiones necesarias, reparar sus deficiencias y así evitar su cierre. Además, el Parlamento asturiano aprobó la propuesta con el voto a favor de todos los partidos, incluidos los dos que forman parte del Gobierno: el PSOE e Izquierda Unida.
Más de un año después de aquella tarde de martes, es evidente que, a pesar del respaldo unánime a la propuesta, el Gobierno de Barbón no ha estado por la labor de cumplir con su responsabilidad ni de dar respuesta a las necesidades de este refugio de montaña.
El refugio de Brañagallones, situado en la vega del mismo nombre en el Parque Natural de Redes, a 1.215 metros de altitud, fue construido en los años 60 como un refugio de cazadores y posteriormente se convirtió en un hotel de lujo. Desde 2016, este edificio, propiedad de la Administración Autonómica del Principado de Asturias, está gestionado por la Federación de Montaña de Asturias (FEMPA), a raíz de un convenio según el cual la Dirección General de Deportes se compromete a realizar tanto el mantenimiento del edificio como las obras e inversiones necesarias.
Sin embargo, a pesar del esfuerzo inversor realizado por la FEMPA —que ha logrado convertir Brañagallones en uno de los mejores refugios de montaña de España—, el Gobierno del Principado no ha cumplido con su parte y ha incumplido los compromisos adquiridos en el citado convenio, abocando el refugio al deterioro y al cierre.
Las necesidades y deficiencias han sido numerosas: generadores de gasóleo averiados, tejado en mal estado, filtraciones de agua en las habitaciones, atascos frecuentes en las cañerías… Y aunque el refugio reabre “con servicios básicos”, lo cierto es que lo hace por la voluntad y el esfuerzo del guarda, pero sin que se haya acometido la reforma prometida ni se haya dado una solución definitiva.
No es esto lo que se acordó. No es esto lo que necesita Casu. La apertura parcial no resuelve el problema de fondo y, de hecho, amenaza con convertirse en una forma de normalizar la precariedad del refugio. Ni a los vecinos ni a los empresarios del concejo les sirve esta solución, por muchas excusas que ponga el Gobierno para justificar los retrasos eternos.
Tras años de promesas, adjudicaciones y anuncios grandilocuentes, hemos llegado a un escenario que ya conocemos demasiado bien: la desidia del Gobierno bloquea el desarrollo de una infraestructura clave. Las obras, licitadas por casi 700.000 euros y adjudicadas en diciembre de 2024, fueron abandonadas en junio por la empresa adjudicataria. Meses después, no solo no se ha iniciado la reforma pendiente, sino que se ha reabierto el refugio en precario, sin mejoras técnicas y sin certezas.
Lo más preocupante es que este no es un caso aislado. Es la misma lógica de abandono que ha afectado a proyectos como la Universidad Laboral de Gijón, la Ciudad de Vacaciones de Perlora o tantos otros equipamientos que, con una gestión eficiente y visión ambiciosa, podrían ser motores de empleo y dinamización. Pero ya nos sabemos de memoria las excusas: falta de presupuesto, dificultades técnicas, burocracia o problemas con las adjudicatarias.
La realidad es que la falta de voluntad política está castigando injustamente a un concejo que lleva años luchando contra la despoblación, la falta de servicios y el olvido institucional. Mientras se llenan discursos sobre la “España vaciada”, aquí se cronifica el abandono. Y lo que podría ser un motor turístico, económico y natural se convierte en un símbolo más del desgobierno.
Pero no me resigno. Y aunque sea dar voces en castañéu, seguiré reclamando una solución digna. No basta con reabrir en precario. Deben ejecutarse de inmediato las obras comprometidas, establecer un calendario riguroso de actuaciones y compensar a los empresarios afectados por esta inaceptable negligencia.
Las excusas ya las conocemos. Pero lo que necesita el concejo de Casu es acción, inversión y respeto, y que se acometa ya la reforma integral del refugio de Brañagallones. Casu no puede seguir siendo la víctima predilecta de la desidia de este Gobierno.
