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Ya queda menos

por Comunicación Foro

Por Inaciu Iglesias, en El Comercio

Cuarenta años de desprecio, auto-odio, ilegalidades, prohibiciones y ausencia de oficialidad no liberaron ningún dinero extra ni ayudaron a solucionar nuestros problemas. Al contrario

Ya queda menos para que entremos en la normalidad lingüística

Las comunidades con fuerte conciencia lingüística desarrollan más confianza en su futuro

Ya queda menos para que se cumpla la ley, para ver nuestros derechos reconocidos, para hablar con libertad. Esta última semana, el Tribunal Constitucional rechazó un recurso interpuesto por 52 diputados españoles que querían seguir prohibiendo el uso del asturiano en el Parlamento asturiano. Y ese rechazo es bueno, es justo y es necesario. Es un pequeño gran avance que los guardianes de nuestra constitución les digan a estos 52 negacionistas que no, y les dejen muy claro que las leyes están para cumplirlas, y que basta ya de prohibiciones. Y, para remacharlo, en ese mismo Congreso de los Diputados, por amplia mayoría, se aprobó instar al Gobierno español a reformar nuestro Estatuto de autonomía para reconocer de una vez por todas la oficialidad de nuestras lenguas y cumplir así la Constitución.

Así que ya queda menos. Ya queda menos para que nuestra Carta Magna –en concreto su artículo 3.2– se empiece a cumplir en nuestro pequeño y verde país. Ya queda menos para que, con cuarenta años de retraso, entremos en la normalidad lingüística. Y ya queda menos de tener que escuchar tantas tonterías, aunque por el camino todavía nos quedará un último esfuerzo, porque en esto de la libertad hay mucho negacionista suelto. Mucho. Claro que sí. Los hay absolutistas del tipo ‘es todo mentira y el bable ni siquiera existe’; cosmopaletos, para los que nuestro único futuro consiste en escupir sobre nuestro pasado; cronológicos, que nunca ven el momento; geométricos, que todo lo clasifican en derechas o izquierdas, y materialistas, para los que todo es por la pasta. Y precisamente por una cuestión de economía me voy a centrar en estos últimos: en los que tan preocupados parecen por nuestros dineros. Porque yo también lo estoy, y bastante más que ellos.

Estos negacionistas económicos consideran que usar varias lenguas es un obstáculo para el progreso, un gasto innecesario, un capricho: un despilfarro que no nos debemos permitir. Y quieren acabar con nuestro bilingüismo para, así, conquistar mercados mayores: abrirnos al mundo, internacionalizarnos, modernizarnos y romper nuestro aislamiento secular que, según ellos, es lo único que explica la existencia de esa medio lengua nuestra –esa jerga de aldeanos–, que condena a los que la hablamos al mayor de los atrasos, porque ese dialecto inventado no vale para hablar en serio ni para hacer negocios ni para nada de nada. Y evitar a las instituciones tanto gasto innecesario para mantener vivo un sistema educativo, editorial o mediático podría liberar un montón de recursos muy necesarios ahora para la promoción económica del territorio. Eso es lo que dicen y el problema es que no tienen razón y que cuarenta años de desprecio, autoodio, ilegalidades, prohibiciones y ausencia de oficialidad no liberaron ningún dinero extra ni ayudaron a solucionar nuestros problemas. Al contrario.

Si no fueran tan provincianos sabrían que en toda Europa las minorías lingüísticas sin reconocimiento oficial coinciden siempre con las regiones más periféricas, de peor perspectiva económica y población más envejecida. Y, sin embargo, las comunidades con fuerte conciencia lingüística desarrollan –todas– más confianza en su futuro: se ven como depositarias de un patrimonio (guardianes de un paraíso), son más conscientes de sus derechos pero, sobre todo, de sus deberes, y preguntan menos qué va a pasar con ellas porque se ocupan más de lo que pueden –y deben– hacer. Y si quieren un ejemplo español, miren la Galicia de hace cuarenta años y su apuesta por la ‘calidade’, el xacobeo y ‘a lingua galega’ y compárenla con la de ahora. Y hagan lo mismo con la Asturies de la no oficialidad.

Y luego hablamos.

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