Portada Revista de Prensa Lo que aprendimos

Lo que aprendimos

por Jaime Paino

Por Inaciu Iglesias, en El Comercio

Llevamos ya más de un millón de muertos y más de cin­cuenta millones de afectados en esta pandemia. Que se dice pron­to. Y en todo este tiempo -en me­ dio de tanto sufrimiento y tanta incertidumbre- algo tuvimos que aprender. Por supuesto. Apren­dimos,  por ejemplo,  que las vi­ das importan -probablemente lo que más- y que son frágiles; y que da igual lo que pensemos, lo que neguemos o lo que conspi­remos: lo importante es lo que hagamos, porque el virus no ra­zona pero nosotros, las perso­nas, sí. Y llevar mascarilla, evi­tar aglomeraciones o limitar los viajes es importante y es decisi­vo y no depende solo de los go­biernos. Depende de nosotros.

Medir, medir y medir. Todos los sistemas de gestión coinciden en la importancia de tres factores esenciales: me­dir, medir y me­dir. Ahí empieza todo. Luego ya vienen  el análi­sis de los datos, la elección de estrategias y el pro­ceso concreto de toma de decisio­nes. Pero, de en­trada, sin una buena base no hay nada que ha­cer. Por eso lo primero son siempre los números, las certezas, los datos: porque si no conocemos con pre­cisión lo que está pasando, lo aca­baremos  decidiendo todo a cie­ gas, por intuición  y dando tumbos. Y, así, con continuas enmien­das a la totalidad, teorías cons­pirativas de lo más variopinto y unos enormes pies de barro no hay gigante que resista  la mar­cha.

Rastreadores, pruebas y ma­pas. Si tuviéramos un conoci­miento más exhaustivo, porme­norizado y trazable de cómo evoluciona la enfermedad, todo se­ ría más fácil. Y podríamos tomar decisiones más quirúrgicas y cer­teras  y puede  que más doloro­sas, pero también más precisas. ¿Es más efectiva la inmunidad de rebaño o el confinamiento ma­sivo? ¿Son seguros los espacios abiertos o lo es el aislamiento fa­miliar? ¿Es mejor cerrar  los colegios, los ambulatorios, los institutos o nada de lo anterior? Pues, ho­nestamente, yo no lo sé, me fal­tan datos; y, por eso mismo, creo que deberíamos  gastar más -pero muchísimo más- en co­nocer, conocer y conocer.

Muchos negocios, muchas fa­milias y muchas personas lo están pasando mal con tanto cie­rre.  Bajar la persiana es duro, muy duro. La salud es lo prime­ro y vivir es importante, pero te­ner con qué hacerlo también lo es. No deberíamos olvidarlo: el comercio, el intercambio de bie­nes y servicios, lo es todo, es la base de nuestro sistema. Y si algo estamos aprendiendo en esta cri­sis es a distinguir lo importante de lo accesorio, a saber que todo cuenta, y a entender que igual que no podemos estar siete meses sin comer o siete días sin beber, tampoco pode­mos sobrevivir a siete minutos sin respirar. Lo que quiero decir es que todos los sec­tores son esenciales; para  las familias que vi­ ven de ellos, lo son: son su pro­pia vida.

Esta pandemia va a llevar tiem­po. Solo hace una semana nos anunciaron la eficacia de la nueva vacuna que nos llena de esperanza. Sue­na muy bien, alegrémonos, pero no bajemos  la guardia, porque nos queda mucho por aprender y tendremos que poner especial cuidado en no intentar arreglar problemas coyunturales con gas­ tos estructurales. Ni viceversa. Es decir, no pretender arreglar problemas estructurales con par­ ches coyunturales. Todos conta­mos y no recuerdo muy  bien quién, pero alguien calificó hace tiempo nuestro sistema parla­mentario como una democracia de tenderos.  Y a lo mejor lo hizo como  un insulto -puede ser-, pero a mí me pareció  una defi­nición estupenda, porque eso es lo que somos, o lo que debería­mos  ser:  una democracia de mercachifles, comerciantes y tenderos; un país de propieta­rios donde todos dependemos de todos y todos nos ayudamos.

Relacionados